Mi nombre es Clemente. Soy negro, tengo largos bigotes blancos y camino elegantemente en cuatro patas. Mi ama es una anciana, de piel arrugada, quien vive con una criada, y es visitada constantemente por sus atentos hijos.
Yo veo todo, todo lo que hacen, desde mi rincón favorito de la sala. Tengo más libertad de la que suelen tener los míos, pues voy y vengo cuando quiero, no estoy encerrado.
Una vez, un amigo me preguntó qué fue lo más extraño que me había pasado en mi vida.
-Bueno- le respondí al curioso -una vez, al salir de casa, vi a un par de hombres altos caminando con una gran bolsa café misteriosa. Como quería saber qué había allí, me acerqué y la arañé por debajo, sin que esos humanos me vieran. El hoyo que hice se agrandó cada vez más, hasta que otro señor cayó de esa bolsa, atado y amordazado. Los otros dos hombres salieron corriendo, y yo decidí ayudar al pobrecito, rompiendo la cuerda con mis dientes, con lo que lo liberé.
-No te creo- me dijo Bigotes, mi amigo, el que había preguntado sobre mi anécdota.
-Créeme, mi albino compadre. Después de eso, él me dijo "gracias, gatito". "No soy un gato" pensé, ofendido, "yo soy un cachorro león"-
-¿Sabes? Con mi mudanza, extrañaré tus chistes- rió Bigotes.
-No fue un chiste. Ya verás, en unos años estaré en la sabana-
-Deja eso, ¿Ya? Eres un gato, una mascota que adora a su dueña, nunca te irás-
Lamí mi pata, asimilando lo que había escuchado.
-Algunos prefieren usar la imaginación- le dije.
Cuando Bigotes se fue, moviendo su blanca y peluda cola de un Himalayo, me acerqué a un espejo.
"Entonces...¿No creceré?"
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jueves, 20 de marzo de 2014
lunes, 17 de marzo de 2014
El chillido
Sonó, a lo lejos, un agudo chillido. Tom, un viudo cincuentón gordo y calvo, se despertó malhumorado. Levantándose, siguió el sonido, que aparentemente provenía del baño.
Prendió la luz, y como no vio nada fuera de lo normal, se acercó tranquilamente al espejo para peinarse.
Prendió la luz, y como no vio nada fuera de lo normal, se acercó tranquilamente al espejo para peinarse.
Entonces... Se encontró con algo que estuvo a punto de matarlo del susto.
En el reflejo del vidrio, se mostraba una mujer, un poco más joven que el hombre, hermosa, de pelo negro, ojos verdes y tez pálida.
-Tom...- susurró ella.
-Elise?- él estaba estupefacto.
-Tom... Tú... Me mataste-
-¿Tú producías esos chillidos por las noches?- la voz del hombre sonaba cada vez más desesperada, como si tuviera gastada la garganta.
La fantasma apuntó a su marido con el dedo índice.
-Me fuiste infiel- siguió diciendo Tom.
Sin embargo, ni siquiera Tom creía sus razones, puesto a que él le había sido infiel muchas veces, en cambio ella solamente una vez, y la muerte no era un castigo precisamente justo. Aunque no había pensado en eso en su arrebato de furia.
-Siempre te amé- dijo Elise, repitiendo lo que había dicho cuando su esposo le había enterrado un cuchillo de la cocina, y luego inhaló fuertemente. Chilló, tal como todas las noches, con un tono lastimoso.
Tom se acordó del momento en que la había asesinado.
Pero el espíritu sacó un brazo del espejo, y lo estranguló en el cuello.
Ya era muy tarde para arrepentirse.
¡Hola!
Bueno, este blog va a ser especialmente de literatura, microcuentos, poemas, etc. Espero que les guste, ya que es la primera vez que publico mis obras.
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