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viernes, 6 de junio de 2014

V y V

   Antes que nada, quisiera explicar que este poema es una intertextualidad, y en los comentarios diré de qué historia es.

Si V hubiera conocido a V
Todo hubiera sido diferente
Juntos hubieran cambiado al mundo
Palabras duras saliendo de su boca

Él era el consuelo que ella ligeramente tuvo
Ella era la dulzura que a él le faltaba
Coqueteando incluso con la muerte
Coqueteándole a él ya muerta

Ella es el ramo de rosas
Que él besa y florece
Reposando en los corazones
De quienes la acompañan a ella

Ella era las ideas
Que él llevó a la acción
Nadie puede romper
La frágil unión entre la vida y la muerte

Él era ese nadie
Que ella debió encontrar
Para darle una identidad
Que no fuera una letra, un número, un recuerdo

Ella actuó
Las actuaciones que él veía
La osadía de la libertad
Que ambos pagaron con el fin de sus actuaciones

Ella era la historia oculta en la oscuridad
Que mucho decía en pocos centímetros
Era las lágrimas
Que él no podía derramar

Ella era el agobio
Que él quiso consolar
Domando las injusticias
Con terror y carisma

Él era la sonrisa constante
Que tanta tristeza y miseria oculta
Fuego oculto en lo profundo de sus ojos
Que sólo ella, agua calma, puede apagar

Ella era el complemento
Qué él nunca obtuvo
Él era el padre, amigo, hermano, familiar
Que ella tan desesperadamente necesitó

La taberna

   La taberna, un lugar oscuro y miserable, era atendida por un anciano de joroba y dientes amarillos, cuya fealdad por suerte estaba oculta por la baja calidad de la iluminación. Y no era solamente desagradable por fuera, sino también por dentro. No les hablaba a sus clientes más de lo estrictamente necesario, y se quejaba cuando alguno se ponía a descargarse de sus problemas.

   Sin embargo, tenía un considerable número de clientes frecuentes. Borrachos que no podían evitar sentirse identificado con el tabernero. En la única ventana que había, las cortinas permanecían constantemente cerradas, filtrando la luz del sol.

   Una noche, en la que llovía torrencialmente, un niño apareció inconsciente en la puerta de la taberna. Tenía una cara angelical, incluso con su expresión serena. El tabernero, de mala gana, lo acogió y lo llevó a dormir en el sofá. En vez de irse a su casa, se quedó toda la noche cuidando del pequeño.

   A la mañana siguiente, el niño se despertó. Se levantó, sin decir nada, y se dirigió a abrir las persianas de la ventana.

   Entre tanto, el anciano ya se había despertado. Apartó los ojos, bajando la vista de aquella cegadora luz. Cuando se acostumbró, miró hacia adelante. Pero el niño no estaba.

   Atónito, el tabernero pensó “¿No había sufrido yo un accidente de chico, y despertado en una taberna?”.

   Así, de duro golpe, se le presentó la mayor enseñanza y misión en toda su vida.