Buscar este blog

jueves, 20 de marzo de 2014

Clemente

   Mi nombre es Clemente. Soy negro, tengo largos bigotes blancos y camino elegantemente en cuatro patas. Mi ama es una anciana, de piel arrugada, quien vive con una criada, y es visitada constantemente por sus atentos hijos.
   Yo veo todo, todo lo que hacen, desde mi rincón favorito de la sala. Tengo más libertad de la que suelen tener los míos, pues voy y vengo cuando quiero, no estoy encerrado.
   Una vez, un amigo me preguntó qué fue lo más extraño que me había pasado en mi vida.
   -Bueno- le respondí al curioso -una vez, al salir de casa, vi a un par de hombres altos caminando con una gran bolsa café misteriosa. Como quería saber qué había allí, me acerqué y la arañé por debajo, sin que esos humanos me vieran. El hoyo que hice se agrandó cada vez más, hasta que otro señor cayó de esa bolsa, atado y amordazado. Los otros dos hombres salieron corriendo, y yo decidí ayudar al pobrecito, rompiendo la cuerda con mis dientes, con lo que lo liberé.
   -No te creo- me dijo Bigotes, mi amigo, el que había preguntado sobre mi anécdota.
   -Créeme, mi albino compadre. Después de eso, él me dijo "gracias, gatito". "No soy un gato" pensé, ofendido, "yo soy un cachorro león"-
   -¿Sabes? Con mi mudanza, extrañaré tus chistes- rió Bigotes.
   -No fue un chiste. Ya verás, en unos años estaré en la sabana-
   -Deja eso, ¿Ya? Eres un gato, una mascota que adora a su dueña, nunca te irás-
   Lamí mi pata, asimilando lo que había escuchado.
   -Algunos prefieren usar la imaginación- le dije.
   Cuando Bigotes se fue, moviendo su blanca y peluda cola de un Himalayo, me acerqué a un espejo.
   "Entonces...¿No creceré?"

No hay comentarios:

Publicar un comentario